· OG Mandino,liderazgo personal,gratitud,Felicidad,inteligencia emocion

Llegas a la parada del bus y este se acaba de ir. Estás demorado y el tráfico parece nunca avanzar. Quieres ver tu programa favorito y justo se corta el wifi. Hay días en que parece que todo sale mal, que el mundo se ha complotado en tu contra. No te preocupes, todos hemos tenido alguno de esos días y cosas así siempre te van a suceder. Aunque, las preguntas que instantáneamente nos surgen son ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Cómo parar la negatividad?

La respuesta te la traigo de un excelente libro de Og Mandino que hace un tiempo leí ‘Una mejor manera de vivir’ en donde nos comparte un poema de una autora anónima que originalmente se publicó en Quote Magazine en Estados Unidos.

Og Mandino nos cuenta que cada vez que comienza un día con el pie izquierdo y que nada parece tener sentido, saca el poema de su billetera, lo lee y luego sigue con su vida con una actitud de gratitud. Hoy te lo quiero compartir y espero que te sea útil para que puedas ver las cosas desde una perspectiva mucho más amplia:

¡Señor, perdóname cuando me quejo!

Hoy, en el autobús, vi a una bella muchacha de pelo rubio, la envidié... parecía tan alegre... y deseé ser así de bonita. De pronto, cuando se puso de pie para irse, la vi cojear por el pasillo. Tenía una sola pierna y usaba muleta; sin embargo, al pasar... ¡qué sonrisa! ¡Oh, Dios, perdóname cuando me quejo! Tengo dos piernas. ¡El mundo es mío!

 

Me detuve a comprar unos dulces. El muchacho que los vendía era tan encantador. Conversé con él. Se veía tan contento. Si me retrasaba no habría problema y cuando me iba, me dijo: "Se lo agradezco, ha sido usted muy amable. Es grato conversar con gente como usted. Sabe - dijo -. soy ciego". ¡Oh, Dios, perdóname cuando me quejo! Tengo dos ojos. ¡El mundo es mío!

 

Después al ir caminado por la calle, vi a un niño con los ojos de cielo. Estaba de pie y observaba a otros niños que jugaban. Parecía indeciso. Me detuve un momento y le dije: "¿Por qué no vas a jugar con ellos?" Siguió viendo hacia enfrente sin decir nada y entonces me di cuenta de que no podía oír. ¡Oh, Dios, perdóname cuando me quejo! Tengo dos oídos. ¡El mundo es mío!

 

Con pies que me lleven a donde quiero ir, con ojos para ver los colores del atardecer, con oídos para escuchar lo que quiera saber... ¡Oh, Dios, perdóname cuando me quejo. En realidad soy una afortunada. ¡El mundo es mío!

Autora Anónima

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